El movimiento Slow o cómo desacelerar cuando todo va tan rápido
Vivimos en una realidad donde todo se acelera. Todo debe ser siempre más rápido: el trabajo, las comidas, la moda e incluso las vacaciones. En un mundo donde parece que ya no tenemos tiempo o más bien donde ya no nos tomamos el tiempo para detenernos, ¿es todavía posible desacelerar? Los seguidores de este movimiento están convencidos de ello.
¿Qué es el movimiento slow?
Fue en los años 80 cuando apareció el « slow movement ». Nació de una observación relativamente simple, pero que plantea muchas preguntas sobre nuestra forma de vivir hoy en día. La observación es la siguiente: a veces somos víctimas del ritmo frenético de nuestra época. Para remediarlo, el movimiento Slow ofrece otra perspectiva, otra forma de hacer las cosas, que es desacelerar nuestro ritmo de vida.
Este movimiento se ha convertido en una verdadera filosofía, que se aplica a casi todos los aspectos de la vida, incluso los más íntimos.
Slow life: la alabanza de la lentitud en un mundo apresurado
Optar por este modo de vida no significa cambiar radicalmente la vida. Puede parecer contradictorio cuando vivimos en la era hiperconectada de la uberización, los smartphones y las redes sociales. Sin embargo, vivir una slow life en un mundo que va a toda prisa es posible.
Slow food: una filosofía de la «alimentación lenta» originaria de Italia
La slow food es un movimiento internacional iniciado por Carlo Petrini. La redacción del «manifiesto slow food por el gusto y la biodiversidad» en 1989 marca el inicio de este movimiento a favor de una alimentación local y de temporada. Esta filosofía —simbolizada por un caracol— tiene como lema «bueno, limpio y justo». Sus seguidores —en respuesta al estilo fast food— rechazan la uniformización de los sabores y promueven una cocina placentera que privilegia la autenticidad, los productos de temporada y las pequeñas producciones. Saborear el momento presente, tomarse el tiempo, repensar la relación con la alimentación y el consumo son las consignas de estos enogastrónomos cotidianos. Nuestra forma de comer influye en nuestra salud física y psíquica, pero también en el mundo en el que vivimos.
El movimiento slow en la ciudad: el ejemplo de las slow cities
El secreto de la slow life quizá sea actuar paso a paso. Así, 168 ciudades se han comprometido a seguir y respetar la carta para las slow cities (ciudades lentas), o Cittàslow. ¿De qué se trata? Los puntos mencionados en la carta son similares a una acción para servir en la lucha contra el calentamiento global, con algunas excepciones.
Proteger el medio ambiente, favorecer el desarrollo sostenible local y mejorar la calidad de vida de los habitantes están en el corazón mismo de los objetivos de las «slow cities». Estas ciudades quieren, a través de diversas acciones, volver a un ritmo de vida más lento. Este enfoque puede pasar por cosas simples, como la reducción de las molestias sonoras. O por acciones un poco más complejas que impactan directamente nuestros modos de vida y la sociedad, como la creación de espacios públicos dedicados a la convivencia.
La slow attitude en el día a día
La slow attitude popularizada por Carl Honoré en su libro «Elogio de la lentitud» propone encontrar un equilibrio justo entre actividad y descanso, trabajo y tiempo libre para combatir la sensación de que nunca tenemos suficiente tiempo. Desde el slow business hasta la slow school, pasando por el slow travel o el slow parenting, se invita en todos los ámbitos de la vida. Todos los públicos están implicados: adultos, niños, trabajadores, turistas, escolares, familias…
Una cuestión de adaptación
Adoptar el movimiento slow es principalmente una cuestión de adaptación. Porque los cambios demasiado rápidos o demasiado radicales en nuestros modos de vida suelen tender a colapsar a largo plazo.
Si esta iniciativa te interesa, hacer pequeñas acciones que se integren fácilmente en tu rutina habitual es un buen comienzo. Puede ser un simple paseo con los niños entre semana, tomarse un poco de tiempo para uno mismo, organizarse, etc.
Desacelerar en todos los aspectos de la vida, incluso bajo las sábanas y en la ropa interior
La slow life es sinónimo de compromiso tanto para uno mismo como para el planeta. El ejemplo de la slow fashion o de la cosmética slow se presta perfectamente a la demostración. Estos dos movimientos se oponen a la fast-fashion y a la fast beauty que generan sobreconsumo, residuos y frustración. Aquí, el consumo de moda o cosméticos, incluso de belleza, debe hacerse de forma ética y razonada. Este movimiento no nace solo del deseo de reducir el ritmo, sino también de la voluntad de actuar mejor, respetando las propias necesidades y el entorno. Sepa que los preceptos ligados a la filosofía slow pueden aplicarse a los aspectos más simples e íntimos de nuestras vidas.
Slow sex: ternura y lentitud bajo las sábanas
Señoras, se alegrarán de saber que esta tendencia también se invita en el dormitorio. El dormitorio es un lugar donde uno podría esperar encontrar intimidad, compartir y sensibilidad. Sin embargo, con toda la información que circula en la red, las actividades íntimas como el sexo han perdido un poco de su dulzura para unirse a la competitividad, el rendimiento, los complejos e incluso el estrés. Sea consciente o no, esto puede afectar la percepción de uno mismo y el estado de ánimo. Adoptar el slow sex es practicar un sexo más consciente, respetando a uno mismo y al otro. También es dejarse llevar privilegiando las sensaciones y emociones suaves con ternura y lentitud.
Consumir slow en el día a día
Consumir slow es beneficioso tanto para el físico como para el psíquico. Respetando los principios del consumo slow, nos ponemos plenamente al servicio de nuestro bienestar y el de los demás. Porque comemos mejor, dormimos mejor y estamos menos estresados.
Encontrar nuevos modos de consumo es esencial si se desea tener una vida más lenta. Esto puede traducirse en consumir frutas y verduras de temporada, eliminar los fast-foods de la alimentación, fabricar los propios productos de limpieza, etc. Pero para las mujeres, hay un aspecto de la vida para el que encontrar alternativas compatibles con los modos de vida slow es más difícil… Se trata de la menstruación. ¿Cómo protegerse durante la menstruación si se desea adoptar esta filosofía? La ropa interior menstrual responde perfectamente a los criterios de una slow life plena. Respetuosa con el medio ambiente, reutilizable y práctica, la ropa interior menstrual permite vivir la menstruación de otra manera y, sobre todo, con suavidad y sin estrés.
Por Valérie.


































