Los disruptores endocrinos: enemigos de nuestro sistema hormonal

Se habla regularmente de estos enemigos invisibles. Presentes en el aire, en nuestra alimentación, nuestras cremas de belleza e incluso en algunas protecciones menstruales, los disruptores endocrinos alteran nuestras glándulas endocrinas y nuestras hormonas. Pero, ¿cuáles son los riesgos? ¿Y cómo evitarlos al máximo?

Disruptores endocrinos: ¿quiénes son?

La OMS los define como: «una sustancia o mezcla exógena que altera las funciones del sistema endocrino y que induce por ello efectos nocivos sobre la salud de un organismo intacto, de sus descendientes o a nivel de (sub)poblaciones». ¡Salud! ;) En el argot, debemos entender que se trata de un agente químico que produce interferencias con el sistema hormonal (humano o animal).

Recordemos que nuestras hormonas son secretadas por nuestras glándulas endocrinas y envían mensajes a través del sistema sanguíneo a nuestros órganos mediante sus receptores, influyendo así en su comportamiento. Regulan, entre otras cosas, nuestra temperatura corporal, nuestro hambre y saciedad, nuestra libido, nuestro sueño, nuestro ritmo cardíaco, nuestro metabolismo de grasas, nuestro nivel de insulina… y juegan un papel fundamental en la pubertad. ¡Nada menos!

Los disruptores endocrinos se fijan en los receptores de nuestros órganos en lugar de nuestras hormonas, «imitándolas». Pero induciendo comportamientos... ¡inadecuados!

¿Dónde se esconden?

Los disruptores endocrinos «voluntarios»

- En nuestras farmacias

Podemos decidir voluntariamente engañar a nuestro sistema hormonal. Es el caso cuando tomamos una píldora anticonceptiva o un tratamiento contra la esterilidad. Pero también esteroides anabólicos (¡peligrosos!) para aumentar la masa muscular gracias a la testosterona.

 

Y los otros…

- En el agua

Las hormonas sintéticas de la píldora anticonceptiva, en particular, o algunos antidepresivos y antibióticos que pueden alterar la glándula tiroides, se encuentran en nuestras aguas residuales a través de la orina o las heces de sus usuarios y persisten durante años en el medio ambiente y en el agua del grifo en cantidades ínfimas pero no despreciables.

- En el aire

Las partículas finas emitidas al aire por nuestras fábricas y coches forman parte de los disruptores endocrinos, así como algunos agentes contenidos en las pinturas de nuestros interiores, ciertos pegamentos o barnices, e incluso nuestras alfombras y ropa de cama (el éter difenílico polibromado está casi siempre presente…)

- En la alimentación

La agricultura intensiva y los pesticidas dañan lo que comemos cada día. Así, encontramos disruptores endocrinos en frutas y verduras, pero también en algunos peces que ingieren plástico vertido en los océanos, ciertas carnes alimentadas con antibióticos, la leche (igual), los huevos, las conservas llenas de conservantes...

- En los productos cosméticos

El 40 % de nuestros productos de higiene y belleza contienen al menos un disruptor endocrino. Champús, desodorantes, dentífricos, cremas, desmaquillantes, bálsamos labiales, bases de maquillaje… y en cabeza del ranking: los esmaltes de uñas.

- En nuestros envases y sartenes

Sartenes o cazuelas dañadas que contienen teflón, biberones de plástico que contienen bisfenol A (un estrógeno sintético), latas de refresco de aluminio… residuos que se filtran en nuestros platos o en la leche del bebé.

- Y… ¡en algunas protecciones higiénicas!

Aunque prohibidos en Europa, se encuentran lindano y quintozeno en la composición de tampones y compresas. A veces incluso glifosato e hidrocarburos.

¿Qué consecuencias?

Sin caer en la psicosis, hay que saber que la presencia permanente de ciertos disruptores endocrinos puede aumentar el riesgo de cáncer. En bebés y niños pequeños, su crecimiento puede verse afectado. En la mujer, el ciclo menstrual puede alterarse, también puede desarrollar quistes ováricos. En el hombre, los espermatozoides se ven afectados. Y la mujer embarazada es más vulnerable, al igual que el feto, por supuesto.

 

Combatir los disruptores endocrinos

Sin embargo, podemos limitar nuestro consumo de disruptores endocrinos de varias maneras:

- privilegiando una alimentación orgánica

- informándonos sobre la calidad del agua en nuestra localidad y, si es necesario, filtrándola (cuidado, elegir agua embotellada no es la solución: muchas aguas minerales contienen metales pesados y disruptores endocrinos debido al envase plástico)

- eligiendo cosméticos orgánicos y vigilando la composición de los demás (eliminando parabenos, oxibenzona, ftalatos, resorcinol…)

- limpiando en casa con productos naturales (vinagre blanco, jabón negro, bicarbonato…) y evitando recipientes de plástico

- adoptando protecciones menstruales seguras como la braga menstrual (también llamada braga para la regla) e incluso una braga menstrual para flujo abundante si es necesario.

¡Cuídate, cuida de el planeta y de tus hijos!

 Por Élise

¿Preguntas?
Aquí respondemos...

Qu'est-ce que les perturbateurs endocriniens ?

Comme son nom l'indique il s'agit d'éléments qui viennent perturber notre système endocrinien, ou plus simplement notre système hormonal. Ces éléments sont généralement des produits chimiques qui émanent de notre consommation de produits transformés, qu'ils soient portés ou ingérés.

Où se trouvent les perturbateurs endocriniens ?

Les perturbateurs endocriniens font partie de nos quotidiens, ils sont présents dans notre alimentation, dans l'eau, dans l'air, dans les produits que l'on utilise pour cuisiner, se vêtir, se maquiller et même dans sa contraception.

Comment faire face aux perturbateurs endocriniens ?

Le meilleur moyen de lutter est de limiter son exposition aux perturbateurs endocriniens, en privilégiant les produits naturels, bio et non transformés, que ce soit dans son alimentation comme dans le reste de son quotidien, les produits ménagers, les cosmétiques, l'habillement et même les protections hygiéniques.

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